¡Oribe, un Ángel y un Demonio!

Hay ocasiones en que el hincha y el analista que conviven dentro de mí, colisionan de forma estrepitosa como aquellos disparos portentosos que lo tienen todo, que son una obra de arte inatajable que termina estrellándose en el palo y ahogando ese potencial orgasmo futbolero. En lo personal, la partida de Oribe Peralta al Guadalajara es uno de esos momentos.

Hemos de partir de la premisa de que, en el presente, el fútbol negocio ha “secuestrado” al fútbol romántico en el 99% de los casos, hoy el amor a la camiseta se conjura bajo el embrujo de un jugoso contrato y eso ningún bohemio del fútbol lo podrá cambiar.

Ahora bien, Oribe Peralta Morones, jamás ha estado ni cerca de ser un jugador de una sola casaca, todo lo contrario, el de La Partida ha vestido varios colores en el fútbol mexicano desde su debut en Monarcas pasó por León, Monterrey, Santos (en dos etapas), Chiapas, y el Club América; destacando también el hecho de que vistió la casaca de las Chivas como refuerzo para la Copa Libertadores en el 2005.

Hemos de entender que Oribe Peralta es un jugador de 35 años, el retiro se le acerca cada vez más y, aunque en América ganaba más que suficiente, la oferta salarial de Chivas mejoraba su actual contrato en Coapa. Ahora bien, ¿Ser banca en América o titular en Chivas? La respuesta es clara, el futbolista –y más aún uno con sus galones- siempre querrá protagonismo dentro de un proyecto y a Oribe el protagonismo en el América se le iba terminando poco a poco.

Mi yo analista lo tiene claro; Peralta siempre ha sido un jugador inteligente dentro del terreno de juego, un delantero que conoce mejor que nadie sus fortalezas y debilidades y que, en base a ello ha entendido a la perfección en que momento hacer y dejar de hacer ciertas cosas dentro de un partido, a día de hoy, Peralta es totalmente coherente con esa inteligencia suya tan característica, ha sabido interpretar el momento en que se encuentra el partido –su carrera como futbolista profesional- y ha buscado un horizonte en el que el protagonismo dentro de la cancha le sea devuelto, amén de la excelente negociación contractual basada en su peso específico dentro de la cancha.

Aunque a mi yo romántico, al hincha, a esa parte de mí que me hace amar este deporte cual si de religión se tratara –sí, soy un devoto de la pelota- le duele en el alma la “traición” deportiva, hay colores que son como el agua y el aceite ¡No se pueden ni se deben mezclar! Y Oribe, otrora ídolo del americanismo ha cometido un pecado capital al pasar a formar a las filas del acérrimo rival.

¿Alta traición? Sí, aunque no será la primera ni la última que nuestros ojos vean ocurrir. ¿Jugada inteligente de un matón del área? Por supuesto que sí. Hoy, para mí, Peralta personifica una enorme dualidad, es un Ángel que ha pasado a ser Demonio, me ha entregado enormes alegrías que hoy son un trago amargo.

Ángel y Demonio, gracias por tanto y por tan poco. ¡Hasta siempre y buena suerte!

Francisco Andújar.


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